Artículo técnico: ‘Gestión de los residuos en el taller’

Por Ruta 401

La globalización mundial ha hecho que exista una mayor divulgación de los problemas medioambientales que ha sufrido nuestro planeta a lo largo de los tiempos. A su vez, esta divulgación se ha traducido en la adquisición de una mayor responsabilidad y concienciación por parte de la mayoría de gobiernos y parte de la población. La repercusión es tal, que la gestión medioambiental ha logrado llegar a los hogares de las familias, ya que la gestión del residuo, a través de su separación para el reciclado, forma parte de las responsabilidades diarias de muchos ciudadanos.

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El sector industrial, y en concreto los talleres de automoción, son considerados por la reglamentación actual como productores de residuos, algunos de los cuales, además, son clasificados como tóxicos y/o peligrosos. Por ello, la responsabilidad de toda actividad industrial es llevar a cabo una gestión diaria del residuo que se ajuste a la normativa vigente. Solo así se pueden atenuar los efectos negativos sobre el medio ambiente.

Dentro de los centros productores de residuos, la legislación diferencia entre pequeños y grandes productores. Los talleres de automoción se encuentran, generalmente, dentro de los considerados pequeños productores.

Residuos generados en el taller

Los residuos generados en el taller de automoción son diversos, dentro de los cuales se pueden diferenciar los residuos sólidos, y los residuos o contaminantes ambientales.

Los residuos sólidos pueden clasificarse del siguiente modo:

  • Residuos peligrosos o tóxicos. Es todo residuo que presenta una elevada peligrosidad para la salud de las personas o el medio ambiente. Algunos ejemplos de este tipo de residuo son las baterías, las pinturas, los aerosoles, airbags, aceites de motor, líquido de frenos, etc.
  • Residuos contaminados. En este caso se trata de residuos que por su naturaleza no son peligrosos pero que, al ser utilizados, han quedado impregnados con otras sustancias que sí lo son. Un ejemplo sería el papel manchado de aceite, grasa o pintura, los envases con restos de producto químico, filtros usados, etc.
  • Residuos inertes o no peligrosos. Son aquellos residuos que no presentan ningún tipo de peligro ni toxicidad, tales como cartón, neumáticos, chatarra, vidrio, etc.

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Por el contrario, los contaminantes ambientales quedan clasificados de la siguiente forma:

  • Contaminantes acústicos. Se trata de todo ruido que es derivado de la actividad realizada en el taller por el uso de herramientas y equipos que emiten un sonido en decibelios elevado. Algún ejemplo podría ser el empleo de herramientas como la pistola de impacto, la radial, el golpeo continuado sobre la chapa, etc.

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  • Emisiones atmosféricas. Este tipo de residuo es el emitido en el ambiente y en la atmósfera en forma de gas. Un ejemplo de este tipo de emisiones son las nieblas generadas en los procesos de pintado, o los humos de escape vertidos por los vehículos cuando están encendidos en el interior del taller para efectuar ciertas comprobaciones.

Normativa que regula la gestión de residuos

La normativa que regula la gestión de los residuos es amplia, de forma que suelen combinarse normas de carácter estatal con otras de carácter autonómico. Dentro de la normativa estatal que es de aplicación para todo el territorio español y que afecta a los pequeños productores, destaca la siguiente reglamentación:

  • Real Decreto 952/1997, de 20 de junio y Real decreto 833/1988, de 20 de julio, por los que se modifica el Reglamento para la ejecución de la Ley Básica de Residuos Tóxicos y Peligrosos (Ley 20/1986, de 14 de mayo).
  • Orden de 13 de octubre de 1989 por la que se determinan los métodos de caracterización de los residuos tóxicos y peligrosos.
  • Ley 22/2011, de 28 de julio, de residuos y suelos contaminados.
  • Ley 37/2003, de 17 de noviembre, del ruido.
  • Real Decreto 1619/2005, de 30 de diciembre, sobre la gestión de neumáticos fuera de uso.
  • Real Decreto 782/1998, de 30 de abril, por el que se aprueba el Reglamento para el desarrollo y ejecución de la Ley 11/1997, de 24 de abril, de envases y residuos de envases.
  • Ley 34/2007, de 15 de noviembre, de calidad del aire y protección de la atmósfera.
  • Orden de 25 de febrero de 1980 en la que se establece la corrección de errores de la Orden de 18 de octubre de 1976 sobre prevención y corrección de la contaminación industrial de la atmósfera, y el Real Decreto 100/2011, de 28 de enero, por el que se actualiza el catálogo de actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera y se establecen las disposiciones básicas para su aplicación.

Respeto a la normativa autonómica, es cada comunidad autónoma la que las tiene publicadas en sus respectivos boletines oficiales. Además, hay que tener en consideración que ciertos aspectos como los vertidos al alcantarillado público dependen de ordenanzas municipales de cada localidad.

Obligaciones legales para la correcta gestión de los residuos

Las obligaciones legales de la correcta gestión del residuo en el taller recaen sobre el empresario y el trabajador. El empresario es en última instancia el responsable directo de las infracciones que se puedan derivar de la actividad emisora, aunque es el trabajador quien debe poner el máximo empeño en esta tarea, puesto que es la persona que manipula en el día a día el residuo producido.

De toda la normativa citada anteriormente, a continuación se enumeran los apartados más significativos y que deben tener en cuenta los talleres:

  • Disponer de la autorización correspondiente de la autoridad competente en materia de medio ambiente.
  • Almacenar los residuos en el exterior del local y, si no fuera posible, en una zona apartada del recinto que no interfiera en las zonas de trabajo, de paso y de espera de los clientes. La zona de almacenamiento debe estar techada, bien ventilada, con el suelo pavimentado y ha de disponer de cubetas de retención de líquidos.
  • Separar los residuos según su tipología en contenedores y bidones homologados, de forma que no sean sensibles al contaminante que alojan en su interior y dispongan de cierre hermético (únicamente cuando sea requerido por la toxicidad y/o peligrosidad del contaminante).
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  • Etiquetar y nombrar cada contenedor de almacenaje del residuo. El etiquetaje es suministrado por la empresa de recogida y gestión, y debe contener la información requerida por la normativa.
  • No realizar vertidos en el alcantarillado público, ni desechar el residuo en contenedores o lugares no habilitados para almacenar residuos industriales.
  • En caso de disponer de cabina de pintado, se requiere disponer de un libro de emisiones por cada foco emisor (uno para el generado por el quemador de gasoil, y otro para regular los vapores de pintura filtrados por la propia cabina).
  • Para llevar un control general del residuo producido, se utilizan libros de registro que resumen su origen y características (ya sea sólido o acústico). En el caso de los neumáticos usados, es vital su correcta gestión, motivo por el cual  ha de indicarse el número exacto de los mismos entregados a la empresa gestora para llevar un control estricto.
  • Gestionar el residuo a través de una empresa autorizada por la administración para que se encargue de tratarlo acorde a la legislación vigente. Para acreditar la adecuada gestión por parte del taller, la empresa gestora entrega un documento justificativo que refleja el control, seguimiento y retirada del residuo.
  • Realizar mediciones que midan el foco emisor con el objetivo de verificar que está dentro de los límites legales (mediciones de emisiones cada 5 años, y mediciones acústicas cuando la actividad desempeñada esté calificada como susceptible de generar ruidos y vibraciones).

Por último, un ejemplo real de cómo debe ser gestionado el residuo en el taller queda reflejado en el siguiente vídeo.

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Categorias: Seguridad