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Reparación de una caja de cambios automática: cómo y cuando hacerlo

Por Ruta 401

Las cajas de cambios automáticas o pilotadas han dejado de ser un equipamiento prémium, montado exclusivamente en coches de gama alta, y su uso se ha extendido a todo tipo de vehículos. Este hecho, sumado al alto coste de este elemento, ha hecho que reparar una caja de cambios en el taller mecánico sea una operación cada vez más común. 

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Reparar la caja de cambios cuando el vehículo está fuera de garantía

La transmisión es uno de los sistemas más complejos y caros del vehículo. Esto propicia que los profesionales mecánicos ofrezcan a sus clientes alternativas a la sustitución del componente cuando este falla y el coche está fuera de garantía oficial. 

Huyendo de la peor alternativa, que sería sustituir el componente por uno de desguace, existe la opción de reparar la caja de cambios.

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Posibles averías de una caja de cambios

Gracias a las prestaciones de seguridad que ofrecen los modelos de última generación, estos coches son capaces de entrar en modo de protección si detectan un fallo en el sistema de transmisión para no incurrir en una avería mayor.

Cabe destacar que, antes de desmontar la caja del vehículo para su reparación o sustitución, el profesional debe haber efectuado un diagnóstico exhaustivo de la avería para determinar si el fallo se encuentra localizado en el interior de la propia caja de cambios o fuera.

A continuación, se mencionan algunas de las averías más frecuentes que pueden hacer necesario reparar una caja de cambios automática o sustituirla, así como los síntomas que van a alertar de ello:

  • Rotura del tambor donde se alojan los engranajes o del propio eje de entrada de la transmisión. Ante esta avería, se va a percibir un tironeo y dificultades cuando el vehículo trata de cambiar la marcha
  • Desgaste de los discos de embrague o del grupo de engranajes. Este fallo va a implicar que el vehículo tarde demasiado en cambiar la marcha o no logre hacerlo (el cambio “patina”). La causa más obvia de este problema es que el líquido ATF no se encuentra en óptimas condiciones y provoca fricción entre las partes metálicas de la caja de cambios.
  • Fallo en la bomba de aceite de la caja de cambios. Esta es una avería que puede hacer necesario reparar la caja de cambios o sustituirla y que va a provocar los mismos daños que puede generar un líquido ATF degradado. Se trata de una situación crítica que podría impedir por completo la respuesta del vehículo.
  • Avería en el convertidor de par. Esta se va a evidenciar por pérdidas de aceite en la transmisión del coche y porque el vehículo va a presentar una vibración importante al ralentí. En estos casos, algunas transmisiones permiten engranar marchas hasta la segunda, mientras que otras pueden dejar de responder correctamente en cualquier cambio de marcha. 
  • Fallo o desprogramación de la unidad de control de la transmisión del coche o avería en el cuerpo de las válvulas. Ante este tipo de avería, la respuesta del vehículo no va a ser la correcta en el cambio de marcha. Principalmente, se va a percibir un golpeteo. En cualquiera de estas situaciones, no es necesario desmontar ni reparar la caja de cambios, ya que el fallo es externo a la misma.

¿Cómo reparar una caja automática?

El proceso de reparación de una caja de cambios exige abrir los tres bloques principales de la misma, que son: la propia caja de cambios, el convertidor de par (en los modelos de cambio automático que lo equipen) y la unidad electrohidráulica (cuerpo de válvulas). Es fundamental ser meticuloso y desmontar los tres grupos completamente para hacer un diagnóstico minucioso de cada pieza. 

Al reparar una caja de cambios es necesario sustituir todos los componentes sujetos a desgaste, como juntas, segmentos, filtros, discos de embrague, retenes, arandelas, engranajes, casquillos, etc., y que todos los componentes sustitutos sean de calidad. Los elementos que puedan conservarse deben limpiarse para ser librados de posibles impurezas acumuladas (restos de partículas metálicas originadas por el rozamiento entre diferentes componentes), y garantizar unas tolerancias y galgados exactos.

Una vez se ha acabado de reparar la caja de cambios, el ensamblaje de los tres componentes debe realizarse respetando los pares de apriete, ajustes y galgados marcados por el fabricante. En el caso del ensamblaje del cuerpo de válvulas contra la caja de cambios, va a ser necesario utilizar un formador de juntas.

Una vez ensamblada y cerrada la caja, hay que comprobar en un banco de pruebas y con un tester hidráulico y neumático las presiones y el funcionamiento de la misma, al igual que del convertidor y del cuerpo de válvulas. Existen bancos de pruebas de última generación capaces de simular las condiciones de trabajo del cambio automático que permiten confirmar, con garantías, el correcto funcionamiento mecánico, hidráulico y eléctrico.

Si en la comprobación todo sale correcto, el siguiente paso es montar el cambio en el vehículo, llenarlo del aceite ATF indicado por el fabricante y hacer los ajustes básicos requeridos para su readaptación.

Conclusión

Reparar una caja de cambios automática es un trabajo complejo que requiere minuciosidad y formación. Es fundamental contar con las herramientas adecuadas para hacerlo y seleccionar piezas de recambio de calidad, así como garantizar un mantenimiento correcto en el futuro (siguiendo las indicaciones del fabricante) que garantice la vida útil del componente.

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Categorias: Mecánica